Agosto y yo
Agosto y yo
Esta semana fue algo emocional. Sentí ansiedad, nostalgia, pero al mismo tiempo muchas ganas de aprender cosas nuevas, descubrir nuevos caminos profesionales y retar mi aprendizaje, mis creencias y mis miedos.
Como mamá, en ocasiones una pierde la noción del tiempo, y más cuando los niños están de vacaciones —mamás, papás, ¡desmiéntanme si me equivoco!—.
Me acordé de que ya casi era Agosto, lo cual quiere decir que ya casi es mi cumpleaños. Siempre siento esta energía cuando mi cumpleaños se acerca, y usualmente me escribo una carta a mí misma, reflexionando sobre lo que el año me enseñó: mi crecimiento personal, el crecimiento de mi familia y el profesional.
Me puse a leer las entradas del blog que dedico específicamente a esta fecha y noté una constante: agradecida. Siempre me encuentro agradecida con la vida, con lo que el año me enseñó, y esas reflexiones que hago día con día definitivamente me han ayudado a crecer en muchos aspectos.
Esto es algo que escribí cuando cumplí 32 años…
“Learning to love what is new and to see life’s challenges as a way of growing as a better wife, daughter, sister, friend and better self.”*
Y cinco años después, como mamá. Ser mamá, una de las misiones más importantes de toda mi vida.
Con el corazón en la mano, les recomiendo que se escriban una carta cada año en su cumpleaños, para que así puedan regresar en el tiempo, leer sus pensamientos y sentimientos, lo que ese año les enseñó, y quizá poner en perspectiva situaciones que en su momento les quitaron el sueño. Creo que pasa algo parecido cuando nos ponemos a ver las fotos del teléfono y nos detenemos a reflexionar y añorar esos momentos.
Queridos 37
Te agradezco los días de cansancio, porque me enseñaste que aprender a decir “estoy cansada, necesito descansar” también les enseña a mis hijos a escuchar a su cuerpo y darle lo que necesita.
Te agradezco los días en los que me hiciste pensar que no podía salir de la cama a las 4:30 de la mañana, porque me enseñaste que sí podía ir a las 5 de la mañana a hacer ejercicio, y que mi día era más creativo y yo más paciente con mi familia.
Te agradezco los días en los que retaste mi paciencia, porque como alguien a quien quiero mucho me dijo una vez: “Dios no te da la paciencia, te da los momentos en los que la vas a tener que practicar para aprender a tenerla.”–Let that sink in for a moment–“
Te agradezco las decisiones difíciles que tuvimos que tomar en familia, porque me enseñaron que, a fin de cuentas, las decisiones que se toman siempre buscan el bien común de mi familia.
Te agradezco los viajes en familia, las experiencias vividas, pues me han enseñado que todos esos viajes —largos o cortos, a otro país o al súper con mis hijos— son oportunidades para crear nuevos recuerdos y formar personas con valores.
Te agradezco a toda la gente que forma parte de mi vida, pues son mis maestros constantes.
Te agradezco porque no hace mucho tiempo alguien que amo y me ama mucho me dijo “¡Atrévete a soñar!”… y lo estoy haciendo.
Te agradezco la salud, porque sé que gracias a ella soy una mamá paciente y consciente, conmigo misma y con mis hijos. Esos días en los que la salud se debilita un poco nos hacen valorar más su presencia —hasta para tener la fuerza de correr en el jardín con mis hijos—.
Así que, ¡salud! Por un año lleno de salud, enseñanzas, retos y aprendizajes. Y por los deseos insaciables de seguir disfrutando, viviendo, agradeciendo y aprendiendo de la vida.
Nuevamente, gracias por leerme.
Besos,Karla
