Estaba muy equivocada.
Me queda claro que ser padres hoy no es lo mismo que cuando nosotros fuimos criados —al menos eso me platica mi mamá—. La red de apoyo de la familia extendida con la que antes contabas para criar, para trabajar, para emprender. Esa confianza de que, ante cualquier obstáculo, había alguien en quien apoyarte.
Hablo desde mi experiencia y mi marco de referencia. Pero conforme pasa el tiempo y las conversaciones con otras mamás y papás se van dando, me doy cuenta de que no soy la única.
Historia larga corta: hace muchos años, migrar a otro país nunca cruzó por mi mente. Y aquí estoy, plenamente feliz con la familia que R y yo hemos formado. Tenemos nuestro propio negocio —que empezamos antes de tener hijos— y, como toda familia, hemos tenido días con arcoíris, días de lluvia y días de tormenta.
Algo que me tomó tiempo entender es que el cansancio acumulado y las pocas horas de sueño tienen una consecuencia real en nuestro rendimiento como seres humanos. Y lo del sueño, créanme, me costó mucho aceptarlo.
Solía pensar que darnos tiempo como pareja —salir de vacaciones solos los dos— era completamente egoísta. Que si queríamos salir, era todos o nadie. Pero eso venía de las creencias limitantes que cargaba.
Me decía a mí misma: si duermo mientras el bebé duerme, ¿quién hace el trabajo pendiente de la oficina, la comida, la ropa? Sentía que nadie más podía hacerlo. Que si salía de vacaciones sin “S”, era de alguna manera menos mamá. —Y me da pena hasta escribirlo.—
Hoy me trago mis palabras.

Me tomó tiempo entender que pedir ayuda —o aceptarla— no me hace menos mamá. Que necesitar un descanso es absolutamente válido. Y que cuando lo tomo, no solo me beneficio yo: se beneficia toda la familia.
Cuando descansas de verdad, tus niveles de cortisol —la hormona del estrés— bajan. Se reduce la sobrecarga cognitiva y el agotamiento a largo plazo. No es capricho, es salud.
Y hay algo más, que algunas de ustedes van a entender muy bien: la reconexión con tu pareja. El trabajo, la rutina, las horas en el carro de ida y vuelta. Todo se vuelve tan automático que dejamos de preguntarnos de verdad ¿cómo estás? ¿cómo te sientes? Ese tiempo para retomar conversaciones que teníamos pendientes, para profundizar, para no decir nada y simplemente estar. Sin agenda, sin horario. Solo ser.
Así que si está dentro de tus posibilidades salir de vacaciones, darte un fin de semana con tu pareja —o aunque sea un día—, hazlo. Por tu salud y por el bien de tu familia. Acuérdate que ellos —tus hijos— aprenden con el ejemplo. Y si queremos criar hijos que sepan reconocer el cansancio, el agotamiento físico y mental, y que entiendan que tomar un descanso es importante y normal, entonces guiemos con el ejemplo.

Gracias por leerme, Besos
Karla

Tomemos un momento para admirar este bello bolso. Es de una diseñadora Mexicana que realizo esta colección con una artista en Egipto. Conozcan su trabajo aquí @mal_fashiondesign en Instagram.