El descanso
El descanso
7 cosas que me enseñaron 7 semanas en familia
Nos tomamos un descanso, y más que merecido. Unas vacaciones que por mucho tiempo soñamos y visualizamos: tiempo en familia, sin prisas. Ese descanso me dejó más enseñanzas de las que imaginé. Aprendí de mí, de mis hijos, de mi esposo y de nuestra vida en pareja como padres.
1. No hay que esperar a estar agotados para descansar
Y no tiene que ser de siete semanas ni a tierras lejanas; cada quien conoce sus posibilidades y sus necesidades. Es increíble sentir lo que pasa cuando estás en contacto con la naturaleza, con el mar, y dejas que tus sentidos te recuerden que existe algo más grande y maravilloso que vaciar la bandeja de entrada, tener la casa impecable, responder ese mensaje o querer tener todo “bajo control”. Sobre todo cuando estás educando a dos seres humanos de 2 y 4 años, que sí o sí te enseñan a vivir en el presente.

2. Haz planes… y la vida dirigirá tus pasos
Lo único que teníamos claro era el final del viaje, así que lo planeamos de atrás hacia adelante. Lo demás fue sin itinerarios, sin hoteles, trenes ni vuelos reservados, sin más plan que estar juntos y disfrutarnos como familia. Para personalidades como las de “R” y la mía, eso no es nada fácil. Pero la vida nos sorprendió: las cosas pueden resultar increíbles cuando fluyes y dejas que los más pequeños gocen y te anclen al presente.

3. El pasto no siempre es más verde del otro lado
Es una frase que tengo presente cada vez que mi mente empieza a desviarse y a comparar. Estas siete semanas me confirmaron que estamos donde tenemos que estar, viviendo lo que nos toca vivir en esta etapa. Eso no significa dejar de soñar, de trabajar ni de ambicionar. Seguiremos persiguiendo nuestras metas por el bien de nuestra familia.
4. La gente refleja afuera lo que carga adentro
En el camino nos encontramos con personas que irradiaban felicidad y paz interior, y con otras que… bueno, nooo tanto (por no decir otras palabras), sobre todo cuando viajas con niños. La gente muestra sus verdaderos colores y te deja imaginar el contexto del que viene. Confieso que me costó trabajo verlo así, sin juicio y con empatía, y no dejar que me afectara. Gracias a “R”, que me ayudó a verlo desde otra perspectiva.

5. Soy Leo, y desde que soy mamá, soy Leo Leona
Sobre todo cuando se trata de defender a mis hijos o a cualquier miembro de mi familia. La maternidad sí o sí te cambia, y amo esta versión de Karla. Sigo conociéndola, así que me dejaré sorprender. (Luego les cuento las anécdotas que sacaron a la Leona en este viaje.)
6. Cuidar la pareja y la identidad también es parte de criar
Vivimos distintas etapas, y para mí esta, como persona y como pareja, es de las más importantes. Hay que trabajar para mantener fuerte la conexión con tu pareja, buscar tiempo para los dos y no dejar de lado los pasatiempos y todo aquello que nos hace ser quienes somos y que mantiene nuestra luz brillando. Unos ojitos pequeños nos miran, y somos su ejemplo más grande.

7. Viajar con niños no le resta al viaje: le suma
Aún me pregunto por qué, cuando contaba que viajaría con mis hijos, la gente me lanzaba una mirada y comentarios (porque no se los guardaban) como “¡uuuuu, buena suerte!” o “¡qué valientes!”.
No, no es fácil, y no voy a fingir que lo es. Pero “difícil” y “no vale la pena” son dos cosas muy distintas. Viajar con ellos le suma al viaje una capa que no existe de ninguna otra forma: verlos maravillarse con algo por primera vez, verlos adaptarse y aprender sin darse cuenta de que están aprendiendo. Es otro tipo de viaje, y yo prefiero ese.
Quizá no recuerden la mayoría de lo que hicimos, vimos y vivimos. Pero hoy, como familia, platicamos, vemos fotos y recordamos juntos. A esta edad, el cerebro de “M” y “S” tiene muchísima plasticidad: las conexiones se forman y se podan según sus experiencias. Hay algo más. Un estudio de Fan, Liberman, Keysar y Kinzler (2015) encontró que los niños que están expuestos a otros idiomas, aunque ellos solo hablen uno, son mejores para ponerse en el lugar del otro al comunicarse. Estar rodeados de gente que se comunica distinto les enseña que cada persona tiene su propia perspectiva.
No me queda más que agradecer esta experiencia maravillosa y la oportunidad de haber vivido este tiempo con las personas que más amo en el mundo.
Y te deseo lo mismo. Recuerda que no tiene que ser de semanas ni a tierras lejanas: el mundo es enorme, pero a veces el descanso que necesitas está a la vuelta de la esquina, de la mano de esas personas que recargan tu batería.
Nuevamente gracias por leerme, lo aprecio mucho.
Besos, Karla

