Noviembre y la memoria que llevamos dentro
Noviembre y la memoria que llevamos dentro
Noviembre marca, para muchos, el inicio de algo distinto: unos empiezan a decorar para Navidad, otros se preparan para las ventas del Buen Fin o del Black Friday, sobre todo si tienen un negocio, y otros planean las vacaciones de Acción de Gracias o de fin de año.
Para mí, noviembre es, en primer lugar, el cumpleaños de mi niña favorita. Qué gran privilegio ser su mamá; cada día me queda más claro que ella es mi más grande maestra.
En segundo lugar, pero no menos importante, es el mes de recordar a quienes fueron pilares en mi vida y ya no están en este plano. Siempre será un honor haberlos tenido conmigo. Sé que llevo y practico muchas de las cosas que me enseñaron, y guardo recuerdos muy bonitos de ellos que siempre tengo presentes. Creo que vivir tantos años lejos del lugar donde nací me hace todavía más consciente de su memoria.
Te doy un ejemplo. Últimamente me levanto una hora u hora y media antes que todos para hacer ejercicio, preparar desayuno y lunch, y empezar el día sin el “rush” de la mañana. No quiero andar a las prisas, ni pasarles ese estrés a mis hijos.
Y justo esta semana caí en la cuenta de por qué mi abuelita se levantaba a las 4:00 o 5:00 de la mañana, literal, antes de que cantara el gallo. Yo siempre me preguntaba: ¿Por qué se levanta tan temprano? ¿Para qué hace tanta comida? ¿Y todavía va a ir a misa?
Hoy lo entiendo, y cabe en una sola palabra: amor. Amor a su esposo, a sus hijos, a sus nietos, a su comunidad, a su fe y a ella misma. Esa era su manera de servir a los que amaba y de dar todo lo que tenía.
Ya estoy llorando. Cómo me hubiera encantado que conociera a mis hijos. Pero sé que llevo en mí mucho de lo que me enseñó. Ella es mi ejemplo más grande, y también reconozco lo que me enseñaron mis otros seres queridos que ya no están aquí. Hoy y siempre honro su memoria.
Mi deseo, y más siendo mexicana, es que el fuerte apego familiar que tenemos siga siendo uno de los pilares más grandes de mi familia. Sé que formar una familia lejos de mis raíces es diferente, y que uno va eligiendo también a su familia: los amigos. Pero que siempre sean el amor y el respeto los que nos guíen, y que nunca dejemos de honrar y reconocer a quienes nos ayudaron a ser quienes somos hoy.
Espero que mis hijos, cuando sean grandes, puedan reconocer las muchas maneras en que sus seres queridos les han dado amor, la presencia que les han regalado y el cariño que siempre los acompañará.
¿Qué llevas tú de los tuyos? ¿Qué gesto de amor heredaste sin darte cuenta?
Gracias, como siempre, por tomarte el tiempo de leerme.
Besos, Karla

